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Rebeliones y Revoluciones


“Has escrito una poesía, un canto, una elegía, has escrito y yo lo sé, con el alma en puño. Con mi sangre en el tintero, con mi piel como papel, y tu boca sella un beso, que ahora sabe a miel. Has escrito como nunca, a mi entero corazón, has dejado huella pura, muy dentro de mi razón. Has escrito hoy al hombre, a la justicia, al amor, has hecho nacer de nuevo mi valor revolución.” (ictus, las buenas lenguas)

Es frecuente confundir las palabras rebelión y revolución. Las rebeliones son en la inmensa mayoría de los casos engendros de la ambición de generales o coroneles sedientos de honores o de poder, o de ambas cosas a la vez. Las rebeliones casi siempre tienen carácter reaccionario, de un caminar hacia atrás en contra de la corriente del río caudaloso de la historia. En México sufrimos en el siglo XIX y en parte de la primera mitad del siglo XX, numerosas rebeliones, asonadas y cuartelazos.

Se pueden citar como ejemplos los casos de Paredes Arrillaga, cuando en 1847 en lugar de ir a combatir a los norteamericanos con el ejército que se había puesto a sus órdenes, regresó de San Luis Potosí a la ciudad de México para adueñarse de la presidencia de la República, faltando así a sus más elementales deberes de soldado, de ciudadano, de mexicano; la rebelión de La Noria en 1871 encabezada por Porfirio Díaz contra el gobierno legítimo de Benito Juárez, y la perfidia de Victoriano Huerta en febrero de 1913, al unirse a los rebeldes Díaz y Mondragón, traicionando al presidente Madero, quien lo había designado jefe de las fuerzas leales.

En cambio, las revoluciones las hacen los pueblos por necesidades insatisfechas que no ha sido posible llenar por medios pacíficos.

“Para que una revolución estalle-escribe Juares en su Historia socialista– es necesario que las clases inferiores sufran un terrible malestar o una gran opresión, pero también es menester o una gran opresión, pero también es menester que tengan un principio de fuerza, y por consiguiente de esperanza”.

El caudillo revolucionario es siempre hombre generoso que ha sabido captar las aspiraciones vagas e imprecisas de las masas, volviéndoselas aclaradas y engrandecidas; es hombre desinteresado y patriota que se arroja en actitud suicida al torbellino de una lucha cuyos resultados finales ignora. En nuestro país hemos tenido tres grandes revoluciones: la de independencia, la de reforma y la que comenzó el 20 de noviembre de 1910. La primera nos independizó de España; la segunda del clero, y la tercera del hacendado.

Toda revolución desde que se inicia, o más bien desde antes de iniciarse, posee un conjunto de ideas, las cuales por regla general se radicalizan en el calor de la lucha. El caudillo se ve empujado por las masas mucho más lejos de lo que había pensado al comenzar la contienda. Si se resiste, si se opone, tendrá que dejar su puesto de caudillo, nulificándose para siempre. Las ideas, bueno es insistir en ello, se modificaran en el curso del proceso revolucionario, haciéndose cada vez mas revolucionarias, más ambiciosas, al contacto con la realidad objetiva del momento histórico en rápida transformación. Ejemplos: la revolución francesa, la revolución rusa, la revolución mexicana. Otro hecho que merece subrayarse: las revoluciones, en la inmensa mayoría de los casos, se tragan a sus hombres. Las revoluciones suelen ser enconadas, crueles, sangrientas; destruyen vidas y bienes materiales; mas al terminar la lucha principia la transformación de la estructura y de las superestructuras económico-sociales, principia una etapa constructiva y fecunda.


2 Responses to “Rebeliones y Revoluciones”


  1. marzo 16, 2010 a las 3:46 am

    hooola rebelcillo, que bonito tema te tocó, espero que sea asi de bueno como lo es la introducción,yo por mi parte seguiré haciendo investigaciones de tipo economista xD

  2. marzo 16, 2010 a las 3:53 am

    se me olvido decirte algo sumamente importante, te quierooo! y te extraño ^^


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La Revolucion: Diego Rivera

El papel del arte revolucionario

Durante y después de la Revolución Mexicana se elaboraron imágenes plásticas que representan la lucha revolucionaria, sus logros o a los protagonistas de la contienda (Emiliano Zapata es uno de los más retratados, pero también hay imágenes de Pancho Villa, Francisco I. Madero y otros). Sin embargo, no todas estas imágenes dicen lo mismo. Cada pintor tuvo su propia opinión de la Revolución según la experiencia que vivió durante esa época, y de acuerdo a la posición política y social en que se ubicó durante y después de 1921.
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