24
Abr
10

Toma de Zacatecas


Espero que esta pelea la ganen sus cañones” –le dijo Pancho Villa a Felipe Ángeles mientras se preparaban para marchar con toda la División del Norte sobre Zacatecas. La vieja ciudad colonial era el último bastión del huertismo y su caída significaba el paso franco a la ciudad de México.

En la madrugada del 17 de junio de 1914, desde Torreón, el general Ángeles comenzó a montar el grueso de su artillería en cinco trenes. A las 8 de la mañana la primera locomotora anunció su partida rumbo a Zacatecas, y con intervalos de 15 minutos salieron las demás. El viaje fue por demás lento y húmedo. La lluvia no dejó de caer sobre la División del Norte pero los villistas iban muy animados: tras varios meses de intensos combates nadie dudaba ya de su poderío. Villa y Ángeles deseaban, por encima de cualquier otra cosa, darle el tiro de gracia al régimen del usurpador Victoriano Huerta.

Ángeles y su gente llegaron a Calera –a 25 kilómetros de Zacatecas- el día 19 por la mañana. Desembarcado el equipo militar, el general tomó su caballo y con una escolta salió a reconocer el terreno, necesitaba establecer posiciones y ubicar los sitios más adecuados para sus piezas de artillería. Se le veía tranquilo cabalgando de un lugar a otro, daba órdenes, tomaba sus binoculares para observar la ciudad de piedra, se detenía un momento y respiraba satisfecho.

El enorme reflector colocado en el punto más alto del cerro de la Bufa iluminaba la ciudad de Zacatecas. La gente comentaba que el general huertista Luis Medina Barrón –oficial a cargo de la defensa de la plaza- lo había mandado traer de Veracruz, para lo cual había sido necesario desmontarlo del faro que se levantaba en el puerto. Los federales lo hacían girar toda la noche tratando de ubicar las posiciones rebeldes y las piezas de artillería de Ángeles. Los desesperados esfuerzos de las tropas de Huerta para defender la plaza no le quitaban el sueño al general. Nada podía ya detener la marcha de la División del Norte.

Villa se presentó en las inmediaciones de Zacatecas, por la tarde del 22 de junio de y determinó que la batalla comenzaría a las 10 de la mañana del día siguiente. “Juntas se moverán todas las fuerzas a esa hora. Nadie entrará un minuto antes ni un minuto después” –ordenó el Centauro. La señal para iniciar sería era el disparo de un cañón.

Amaneció radiante el día 23 de junio de 1914. El cielo no podía ser más azul. Atrás habían quedado las amenazas de lluvia de la noche anterior. Ángeles despertó pasadas las siete de la mañana; se afeitó con calma, tomó su baño, desayunó con su estado mayor y montó su caballo. Eran las nueve de la mañana.

En la víspera, el general hizo un movimiento que dejó perplejo al enemigo: retiró las piezas de artillería de sus posiciones originales y las emplazó en sitios imperceptibles y muy cerca de las líneas defensivas de los federales. Los últimos tres días convenció a los huertistas que ya tenía definidas sus posiciones.

El disparo de un cañón a las diez de la mañana en punto anunció el inició de la batalla. Los villistas avanzaron por los cuatro puntos cardinales intentando arrebatar a los federales sus posiciones en la Bufa, el Grillo, la Sierpe, Loreto y el cerro de La Tierra Negra. Cuarenta cañones –28 por el norte y 12 por el sur- entraron en acción al mismo tiempo para apoyar el despliegue de la infantería que ascendía presurosa por los cerros que rodeaban la ciudad.

Los veintidós mil hombres de la División del Norte se movían en completa armonía bajo la dirección de Ángeles. El general había logrado la perfecta conjunción entre las brigadas del ejército villista. “La artillería obrando en masa –escribió Ángeles- y con el casi exclusivo objeto de batir y neutralizar las tropas de la posición que deseaba conquistar la infantería y ésta marchando resueltamente sobre la posición en donde la neutralización se realizaba. ¡Qué satisfacción la de haber conseguido esta liga de las armas!”

Ángeles estaba enardecido; parecía encontrarse en una dimensión diferente al resto de los hombres, en un sitio privilegiado, exclusivo para el guerrero. Las granadas estallaban encima de su punto de observación o lo rebasaban por completo. Con sus binoculares alcanzaba a divisar al abanderado que corría al frente de su brigada avanzando sin parar. Entonces calibraba nuevamente los cañones y alargaba el tiro para apoyar el asalto final de la infantería sobre alguna posición.

En medio del fuego de la fusilería, Ángeles tomó su caballo para cerciorarse del estado que guardaban otros puntos de la batalla. En camino a Loreto encontró a Villa. Ambos generales con sus estados mayores, cabalgaron juntos mientras escuchaban “alegremente” los disparos de la artillería villista. Los cañones federales intentaban pegarle al numeroso grupo; sus tiros, sin embargo, quedaban cortos.

Una granada explotó a escasos tres metros de donde se hallaban Ángeles y Villa observando el combate. El humo cubrió por algunos instantes a los dos jefes y a sus hombres. Cuando el humo desapareció había varios cadáveres mutilados. Para mala fortuna no había sido disparado por del enemigo. El proyectil era villista, explotó en manos de un artillero que preparaba su lanzamiento. Para evitar que los soldados entraran en pánico o pensaran en el riesgo que corrían al manejar las bombas, Ángeles gritó: “No ha pasado nada, hay que continuar sin descanso; algunos se tienen que morir, y para que no nos muramos nosotros es necesario matar al enemigo. “¡Fuego sin interrupción!”.

Hacia las 5. 40 de la tarde, el triunfo de la División del Norte estaba cerca. El enemigo abandonaba sus posiciones y huía de manera desorganizada. “No los veíamos caer, pero lo adivinábamos –escribió Ángeles-. Lo confieso sin rubor, los veía aniquilar en el colmo del regocijo; porque miraba las cosas bajo el punto de vista artístico, del éxito de la labor hecha, de la obra maestra terminada. Y mandé decir al General Villa: ¡Ya ganamos, mi general! Y efectivamente, ya la batalla podía darse por terminada, aunque faltaran muchos tiros por dispararse”.

Unos minutos después, las tropas villistas tomaban posesión de la Bufa y del Grillo y avanzaban sobre la ciudad. Las calles de Zacatecas presenciaron una de las peores matanzas de la revolución. Los revolucionarios acabaron con todos los soldados federales que encontraron a su paso. Saquearon casas, edificios y oficinas. En algunos casos arremetieron incluso contra la población civil. Los siete kilómetros que mediaban entre Zacatecas y la población de Guadalupe terminaron tapizados de cadáveres impidiendo el tránsito de carruajes.

En uno de los edificios del centro de la ciudad se encontraba un joven oficial del ejército de Huerta. Su misión era defender el parque y las armas que se encontraban almacenadas ahí. Cuando los villistas entraron a la ciudad, el oficial supo que no tenía escapatoria. Esperó a que llegaran los revolucionarios y cuando intentaron entrar hizo volar el edificio. Decenas de víctimas de ambos bandos quedaron entre los escombros de la vieja construcción.

Cinco mil muertos entre las tropas federales. Cerca de tres mil lamentó la División del Norte. En los días siguientes surgiría nuevamente el humanista. Decenas de prisioneros salvaron la vida gracias a la intercesión de Ángeles. La sangre sólo debía correr en la batalla. Los muertos eran parte del ritual de la guerra.

Frente a la noche y sumido en sus reflexiones, Ángeles respiró satisfecho por el éxito de la batalla. La venganza sobre Huerta se había consumado. “Y bajo el encanto de la obra clásica de ese día feliz, me hundí plácidamente en un sueño reparador y sin aprensiones”

http://www.acces.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=13:la-toma-de-zacatecas-&catid=3:revolucion&Itemid=13

24
Abr
10

La división del norte: Pedro Salmerón

El día de hoy en punto de las veinte horas, acompañé al Dr. Pedro Salmerón Sanginés a la presentación de su magnífico libro intitulado “La División del Norte. Los hombres, las razones y la historia de un ejército del pueblo”. El evento fue en el Museo de la Revolución, avenida Lerdo de Tejada en Torreón.
Mis comentarios sobre el texto de Salmerón Sanginés, los transcribo a continuación:
“Invirtiendo el orden que acostumbro en las presentaciones de libros, y como miembro del Comité Estatal de Festejos del Centenario de la Gesta Revolucionaria, iniciaré este segmento de comentarios con una calurosa felicitación al Dr. Pedro Salmerón por la profundidad interpretativa que ha logrado y por el interés que suscita la apasionante lectura del texto que ahora consideramos, “La División del Norte. Los hombres, las razones y la historia de un ejército del pueblo”.

El libro que hoy nos ocupa consiste en una adaptación literaria de una tesis doctoral, es decir, surge de un ejercicio de investigación que se realizó para generar conocimientos nuevos y con el cual el entonces maestro Salmerón acreditó sobrada solvencia —teórica y práctica— como científico social, tanto así que su trabajo fue digno de mención honorífica.

Como sucede en toda investigación, hubo en sus inicios una serie de preguntas que resultaban del mayor interés para Salmerón, y que solamente podían ser respondidas a través del planteamiento de las hipótesis, y del avance mismo de la investigación. Estas preguntas eran las siguientes:

¿Quiénes eran los villistas? ¿De dónde venían? ¿Por qué hicieron una Revolución? ¿Cómo la hicieron? ¿Qué esperaban de esa Revolución?

La exhaustiva revisión de literatura que el autor hizo, y de la cual da cuenta al mencionarla como parte de su “enciclopedia” personal, no respondía adecuadamente a esas preguntas. El estado de la cuestión o del arte no daba las respuestas. Por lo tanto, habría que construir una nueva lectura a partir de fuentes primarias y secundarias, una lectura que respondiera precisamente a esas preguntas. El corpus documental utilizado para ello lo menciona el autor en el apéndice sobre fuentes consultadas.

Como elementos metodológicos de esta construcción encontramos las correlaciones y acotaciones. La primera de ellas, es la correlación que se establece entre las brigadas que conformaban la División del Norte, y el contexto espacial, histórico, cultural, político y social del cual surgieron sus hombres y líderes. De esta manera, el todo es analizado por sus partes, la División por sus brigadas, las brigadas por sus hombres, y los hombres, por sus circunstancias.

Esta es una manera muy válida y original de entrar al estudio de la División del Norte como fenómeno social, es decir, como concretización militar de un movimiento de rebelión cuyos sujetos compartían agravios, percepciones y acciones (caso de mentalidad perceptiva y expresiva que genera un programa revolucionario).

Como fruto de esta primera acotación territorial, surge la espacialidad divisionaria: el Norte que le daba apellido a la División militar, estaba constituido básicamente por Chihuahua y La Comarca Lagunera de Coahuila y Durango. Es muy interesante que Salmerón indique que la espacialidad divisionaria corresponde a la del antiguo Reino de la Nueva Vizcaya tal y como fue entre 1732 y 1785, es decir, cuando ya no comprendía Sonora y Sinaloa, pero todavía incluía a Chihuahua, Durango y La Comarca Lagunera. No pensamos que la referencia sea gratuita. La capacidad de agravio que atribuye el autor a sus habitantes tiene mucho que ver con el sentido de dignidad personal y la mentalidad forjada a través de siglos de colonización premiada con hidalguía hereditaria, con el concepto de libertad personal y autonomía municipal, con el manejo constante de armas de fuego en las luchas fronterizas contra los indios, y sobre todo, de los bajísimos niveles de fatalismo existentes entre líderes y seguidores por igual. Los neovizcaínos siempre tuvieron consciencia de que su honor y sus vidas estaban en sus propias manos.

De esta manera, Salmerón establece cuatro regiones básicas en este primigenio territorio divisionario:

El país de Villa (Valles de Chihuahua) Ahí se encuentra el chihuahuense típico, que según Fernando Jordán, citado por Salmerón, es “mestizo, generoso y honrado; orgulloso, sobrio, rudo y violento”. Esta descripción cuadra bien con nuestro lagunero tal como lo describe José Ygnacio de Mixares en 1825 “activo, enérgico, intelectual, especulativo, profundo, empresario, sobrio, fiel, social, patricio, generoso”.[i]
El país de Orozco (Sierra de Chihuahua):
Tierra de Jinetes (Sur y oriente de Chihuahua, norte de Durango)
La tierra del algodón y del guayule (Comarca Lagunera de Coahuila y Durango, Partido de Cuencamé).

Otra acotación fundamental de Salmerón es la del tiempo: el estudio abarca desde la creación de la División del Norte y su jefatura asumida por Villa hasta su disolución tras la toma de Zacatecas, es decir, del 29 de septiembre de 1913 hasta el 24 de junio de 1914. Para esa última fecha, nos explica el autor, colisionaban dos proyectos de Revolución, una, popular, reivindicativa, cuya expresión militar fue la División del Norte, y otra, desde la autoridad, con carácter legalista y sin interés social ni reivindicativo, que es la Revolución Constitucionalista de Carranza.

Como elemento metodológico debemos entender asimismo la naturaleza de la narración. Salmerón no se conforma con ofrecer la enumeración de hechos y fechas, su interés es el de explicar por qué las cosas sucedieron así, y no de otra manera. Se aleja de la anécdota, del mito y del pintoresquismo —que son como lugares comunes de la historia revolucionaria— y en cambio nos ofrece una finísima trama bien fundamentada, bien trabada y eminentemente dialéctica donde, con impresionante lujo de detalles, nos brinda una visión holística de los agravios que desde 1857 padecieron las gentes de las regiones mencionadas. La constitución de 1857 y el triunfo del Liberalismo cambiaron el estatus de las tierras comunales, y abrieron un portillo para los abusos contra los pequeños agricultores. El régimen del presidente Díaz permitió que se agudizaran estos abusos mediante la práctica del darwinismo social y el laissez-faire, doctrinas políticas y económicas según las cuales, los poderosos estaban destinados a prevalecer sobre los débiles, y el Estado fungía como mero guardián y cómplice de los poderosos. Este es el telón de fondo sobre el cual Salmerón desarrolla su narración.

La primera parte del libro busca responder las siguientes preguntas. Busca cuáles son

a).- Las razones de la Revolución en el norte
b).- Los agravios
c).- Los impulsos rebeldes de los hombres que se presentarán

Para responder, Salmerón da cuenta de los antecedentes históricos, sociales, económicos, políticos, familiares y legales de lugares, comunidades e individuos que serán relevantes en el futuro de la historia y de la espacialidad divisionaria. Entre los temas estudiados están

El país de Villa (Chihuahua). Huejotitán y Balleza, en el sur, hasta San Andrés, en el norte; de San Francisco de Borja hasta Chihuahua).
El país de Orozco (Sierra de Chihuahua). Básicamente, los distritos de Guerrero, Galeana, Andrés del Río, Arteaga y Rayón.
Tierra de Jinetes (Sur y oriente de Chihuahua, norte de Durango). Bajo Conchos y desierto oriental de Chihuahua; pueblos agrícolas del Valle de Santa Rosa; porción chihuahuense del Bolsón de Mapimí; Parral y su comarca; poblaciones del norte de Durango.
La tierra del algodón y del guayule (Comarca Lagunera de Coahuila y Durango, Partido de Cuencamé).

La segunda parte del libro cuenta las vísperas o prolegómenos de la División del Norte, es decir, y como lo dice el autor, la lucha política nacional y regional, y las tres campañas guerrilleras que permitieron la acumulación de fuerzas y experiencias que permitió el nacimiento del más poderoso ejército popular de nuestra historia. En este apartado son importantes los siguientes temas:

¡Viva Madero!. La política nacional, estatal y municipal a la luz del ocaso del porfiriato; la entrevista Creelman-Díaz; La sucesión Presidencial, El Plan de San Luis y su artículo tercero; la rebelión, la caída de Ciudad Juárez (10 de mayo 1911) y de Torreón (15 de mayo 1911); el triunfo maderista con la firma del Convenio del 21 de mayo de 1911. La ascendente carrera militar de Pancho Villa. Diferentes expectativas de la revolución, de acuerdo a las percepciones de Madero (apertura democrática) y de los jefes revolucionarios del pueblo (expectativas de clase o de grupo, satisfacción de los agravios e injusticias).

Licenciados, colorados e irregulares Licenciamiento de tropas revolucionarias apenas gana el Maderismo; el agrarista Plan de Ayala, promulgado en noviembre de 1911; la rebelión de los llamados “colorados” por su bandera roja, los magonistas-anarquistas del Partido Liberal Mexicano y los inconformes agraristas en general; el Plan de Tacubaya para que Pascual Orozco continuara la revolución detenida por Madero, las escaramuzas agraristas de 1912 en Chihuahua, norte de Durango y La Laguna, la rebelión de Pascual Orozco (6 de marzo de 1912); expulsión de los maderistas de Chihuahua, entre ellos Pancho Villa; Plan de la Empacadora, con los reclamos de sus artículos 34 por el bienestar de los obreros (inspirado en la Rerum Novarum) y 35 por las demandas agrarias. El papel de los “irregulares” (milicianos). Villa escapa de su prisión en México (26 de diciembre de 1912).

La rebelión de los coroneles
El fin de la era maderista. Golpe de estado que inicia el 9 de febrero de 1913, aprehensión del presidente y el vicepresidente el 18, y su asesinato el 22. Plan de Guadalupe y la “rebelión administrada” o “legitimista”.

La tercera parte del libro cuenta la historia de la División del Norte propiamente dicha:

El nacimiento de la División del Norte. 29 de septiembre de 1913: nace en La Loma la División del Norte, con Pancho Villa a la cabeza. 1 de octubre de 1913, toma de Torreón en perfecto orden. Toma de ciudad Juárez (tren troyano), captura del resto de Chihuahua.

Un proyecto revolucionario. Villa, gobernador de Chihuahua. “Decreto de confiscación de bienes de los enemigos de la Revolución”. La revolución popular y reivindicativa de Villa.

El ejército en acción. La toma de Torreón del 3 de abril de 1914. Intento de saqueo de algunos vecinos, y su contención por los villistas. La de Torreón, la batalla más sangrienta y más importante contra el huertismo. Diferencias entre los proyectos de revolución (y de nación) entre Villa y Carranza. (La rebelión reivindicativa de Villa contra la rebelión legitimista, mas no social, de Carranza). Villa, mero advenedizo con poder a ojos de Carranza. Toma villista de Saltillo y la legendaria carga de caballería sobre Paredón. 10 de junio de 1914, la ruptura entre Carranza y Villa. 24 de junio de 1914, toma de Zacatecas.

Epílogo. El impacto de Villa, villistas y villismo en la historia y en el imaginario nacional.

El manejo de la información contenida en este interesante libro demuestra los niveles de erudición que alcanza su autor. Por otra parte, la ilusión de temporalidad está tan bien lograda, y es tan vasta la cantidad de información matizada que encontramos, que al final del texto pareciera que nuestros recuerdos no son los de la lectura de un libro, sino los de nuestras vivencias en la División del Norte. Particular mención requieren aquellas secciones dedicadas a la Comarca Lagunera, por el interés que tienen para nosotros.

¿Qué más puedo añadir a esta presentación? Que este texto muy verosímil y sumamente amigable. La Revolución villista deja de ser un problema político o militar, y toma su verdadera dimensión de reclamo armado de los habitantes de ciertos lugares, en una época dada. El mito cede paso a la historia veraz, al fenómeno social. No es Villa quien inventa el villismo, son las gentes agraviadas la que crean su propia agenda revolucionaria y colocan a Villa y a sus oficiales en el liderazgo de este ejército revolucionario surgido del pueblo.

Recomiendo ampliamente la adquisición y lectura de esta fascinante obra”.

http://cronicadetorreon.blogspot.com/2008/05/divisin-del-norte-del-dr-pedro-salmern.html

24
Abr
10

La división del norte


La historia oficial de la Revolución Mexicana se encargó de presentar a la División del Norte como una extensión de Francisco Villa, y sobre éste se tejieron gran cantidad de mitos y leyendas sin pasar por alto sus antecedentes de bandido sanguinario, con el fin de descalificarlos. La ausencia de un plan político escrito en el que se plasmaran los objetivos y propósitos de su lucha, contribuyeron a considerar que este cuerpo militar carecía de una motivación identificada con las necesidades del pueblo.

…..Sin embargo, pese a ser Villa la figura que más se ha destacado de la División del Norte, este cuerpo militar contaba con gente que tenía objetivos claros y sabía para qué estaba ahí. Por el mismo ambiente en que se desarrollaron, habían adquirido también experiencia de lucha.

…..Para conocer a los hombres que integraron este ejército, Pedro Salmerón, en su obra La División del Norte, los hombres, las razones y la historia de un ejército del pueblo, nos hace viajar en el tiempo para recrear desde el ambiente geográfico hasta las problemáticas locales que cada pueblo de Chihuahua, el norte de Durango y la Comarca Lagunera (que abarca el norte y oriente del estado de Durango y el suroeste de Coahuila), venía arrastrando.

…..Nos muestra cómo intentaron encontrar soluciones y los múltiples caminos que probaron, desde las fórmulas legales hasta la conspiración. Cada comunidad tenía un representante que hablaba por todos los habitantes, ya fuera que enviara cartas de denuncia al periódico local o bien, si se consideraba necesario, para intentar hablar con el presidente de la república.

…..Actividad y efervescencia que existía antes de que Villa se convirtiera en primera figura del movimiento revolucionario y que continuaría aun después de la extinción de la División.
Como muestra de este estudio que incluye la lucha política regional y nacional, encontramos fragmentos como el siguiente, que nos ilustran acerca de la relación de los problemas de los pueblos y la conciencia de lucha de sus líderes:

…..La concentración de la tierra y los conflictos de los terratenientes con los pueblos libres (y, en algunos casos, con pueblos que no lo eran pero querían serlo) no eran nuevos en el partido de Cuencamé, pero la modernización porfirista los agudizó, sacando a la superficie viejas historias y creando otras nuevas. Estos conflictos de viejo cuño y de reciente factura convirtieron a la región en un foco revolucionario de gran potencial en las postrimerías del porfiriato: no es casualidad que los caudillos de la rebelión en Cuencamé, Calixto Contreras Espinosa y Severino Ceniceros Bocanegra, fueran con Toribio Ortega y Porfirio Talamantes, los de mayor y más clara vocación agrarista en las filas del villismo. 1

…..Contrario a la idea generalizada, los problemas de la vida rural no fueron el único fermento que incitara a la gente para incorporarse a las filas de la División del Norte. El ejército villista sumó entre sus filas también a representantes de la clase media con otras reivindicaciones por lograr y distintos motivos de descontento. Agravios como la imposibilidad de participar políticamente a través de algún cargo público, puesto que éstos se concentraban en manos de unas cuantas familias de la elite regional.

Qué decir del proletariado urbano, igualmente presente porque gracias a la difusión de las ideas del Partido Liberal Mexicano y de las organizaciones mutualistas habían adquirido una conciencia de clase, sobre todo la convicción de que el progreso de la región sólo beneficiaba a los grandes propietarios.

…..La División del Norte era, pues, un grupo muy heterogéneo en el cual los participantes tenían motivaciones claras y variadas para luchar. Ninguno de los integrantes tomó las armas al grito de “¡Viva Villa!”, pero como en muchos otros movimientos sociales, hubo demandas capaces de aglutinar.

Con estilo claro y prosa amena, Pedro Salmerón aporta los elementos para entender el proceso de maduración de los jefes regionales. La inicial participación guerrillera que les ganó el reconocimiento local para, posteriormente, integrar la hueste popular más poderosa de la Revolución Mexicana. Hombres comunes que, pese a haber sido derrotados, mantuvieron su lucha por la tierra hasta tiempos posteriores a la Revolución, de tal suerte que el presidente Lázaro Cárdenas realizó en la Comarca Lagunera uno de los repartos agrarios más importantes.

…..La lectura de esta obra es recomendable para el profesional de la Historia, pero también para quien se interesa en el tema sin ser especialista. De suyo, la Revolución, Villa y la División del Norte son temas con poder de seducción.

…..El libro desdibuja, sin duda, la leyenda negra creada alrededor de este cuerpo de combate, y eso logra el autor gracias a la documentación exhaustiva en archivos y testimonios de primera mano, así como el apoyo de otros estudios. Es un texto que contribuye a profundizar en el conocimiento de esta época de la Historia de México y, en particular, abre la posibilidad de reinterpretar a los protagonistas norteños de este momento histórico.

http://sepiensa.org.mx/contenidos/2007/d_divisonorte/p1.html

24
Abr
10

Francisco Villa


Su verdadero nombre era Doroteo Arango. Nacido en la hacienda de Río Grande, jurisdicción de S. Juan del Río, Durango, era hijo de Agustín Arango y de Micaela Quiñones Arámbula.

Dedicado desde la infancia a las labores del campo, pronto fue excelente caballista. Huérfano todavía adolescente, jefe de familia, defendió a una hermana ofendida por uno de los dueños de la hacienda en cuyas tierras trabajaba, y que abandonó para rehuir la persecución de una justicia parcial. Cambió entonces su nombre por el que se hizo famoso no sólo en la historia de la Revolución Mexicana, sino en todo el mundo, que le conocerá por Pancho Villa.

Los hechos de los años anteriores a su adhesión a la campaña de Madero, señalan las fallas del hombre rudo e impulsivo dependiente de una sociedad que le tolera, o que le acosa cuando le considera fuera de su propia ley.

Villa se unió a la campaña maderista en 1909, bajo la influencia de Abraham González, gobernador a la sazón del estado de Chihuahua. Aunque Villa no tuvo educación escolar, sus actividades comerciales le habían hecho aprender a leer y escribir. Su compromiso de levantarse en armas contra la dictadura de Porfirio Díaz, lo cumplió el 17 de noviembre de 1910, al atacar la hacienda de Cavaría, en Chihuahua, al que le siguieron los encuentros de San Andrés, Las Escobas y Ciudad Camargo.

Desde un principio se destacaron sus dotes como combatiente y organizador, ayudado por el exacto conocimiento del terreno que pisaba. Conoció a Francisco I. Madero, en la hacienda de Bustillos, ante el cual se presentó con regular número de tropa, disciplinada y bien pertrechada. Recibió entonces el grado de coronel. Es significativo que ya figurara entre militares de mayor historia, entre los que concurrieron a la junta convocada por Madero el 1 de mayo de 1911, frente a Ciudad Juárez, para concertar la paz.

De acuerdo con Pascual Orozco, Villa atacó Ciudad Juárez y obtuvo uno de los primeros y más señalados triunfos de la revolución incipiente. Al triunfo de la lucha armada, Villa se dedicó al comercio. Radicado en la ciudad de Chihuahua, fue introductor de ganado y dueño de varias carnicerías. Su nueva etapa en los campos de batalla se inició al producirse la rebelión de Pascual Orozco. Combatió en territorios de Chihuahua y de Durango, en donde engrosó sus filas. En Torreón se incorporó a las tropas de Victoriano Huerta, encargado por el gobierno de Madero para someter a los orozquistas.

Por su lealtad y méritos en campaña ascendió a general brigadier honorario. Triunfó en Conejos y en la importante acción de Rellano. El recelo de Victoriano Huerta le provocó dificultades, y estuvo a punto de ser fusilado. Remitido preso a la ciudad de México, se fugó de la cárcel Militar en 1912, y pasando por Guadalajara y Manzanillo, marchó a Estados Unidos.

Regresó al país a la muerte de Madero; se internó por Chihuahua con sólo ocho hombres, a los que se unieron pronto miles de soldados que le siguieron en sus acciones de guerra. Fue auxiliado con dinero por el gobernador de Sonora, José María Maytorena. Combatió contra los generales Salvador R. Mercado y Félix Terrazas. A este último le hizo 237 prisioneros, que fusila en cumplimiento de la Ley de 25 de enero de 1862.

En Ciudad Jiménez, en septiembre de 1913, se constituyó la famosa División del Norte, poco antes del ataque a Torreón, y que su origen comandó Villa. Las dos batallas que precedieron a la toma de Torreón, ocurridas el 30 de septiembre de 1913 y abril de 1914, son consideradas dignas de figurar en tratados en materia bélica.

De vuelta a Chihuahua, atacó a la capital, y con la rapidez que desconcertaba a sus adversarios, marchó sobre Ciudad Juárez que ocupó el 15 de noviembre de 1913. Dio después la batalla de Tierra Blanca, en la que desarrolló su intuición militar. Toda una división federal fue derrotada, apoderándose de parque e implementos. Ganó al poco tiempo la batalla de Ojinaga, y el 8 de diciembre de 1913 entró a la ciudad de Chihuahua, donde asumió el cargo de gobernador provisional.

Demostró capacidad administrativa; restableció el orden, abarató los artículos de primera necesidad, abrió el Instituto Científico y Literario; condonó contribuciones atrasadas, y emitió papel moneda. Aunque dejó el gobierno el 8 de enero de 1914 en la práctica, ejerció el poder varios meses más. En marzo combatió en Gómez Palacio, ya incorporados a la División del Norte los generales Felipe Ángeles, José Isabel Robles y Raúl Madero.

Desde sus primeros triunfos se suscitaron hondas diferencias con Venustiano Carranza. Éste le ordenó tomar la ciudad de Saltillo, regateándole por otra parte pertrechos necesarios para llevarlo a cabo, mientras que, al mismo tiempo, se fraguaban maniobras políticas entre los elementos villistas y las autoridades civiles de Chihuahua. Sin embargo, obedeció Villa las órdenes de Carranza y tomó a sangre y fuego la plaza de Zacatecas el 23 de junio de 1914. Esta victoria decidió el triunfo de las armas revolucionarias y la caída de Victoriano Huerta. Ahondada la división con Carranza, interviene el general Álvaro Obregón cerca de Villa, que estuvo a punto de fusilar al enviado de México.

Inaugurada la Convención el 1 de octubre, se trasladó el 10 a Aguascalientes Ahí se unieron zapatistas y villistas en contra de los afectos a Carranza. La Convención cesó a Villa y a Carranza de sus cargos pero bajo la presidencia del general Eulalio Gutiérrez, Villa fue designado jefe de Operaciones de la Convención. Entró a la ciudad de México con Emiliano Zapata el 6 de diciembre de 1914.

La controversia política se desplazó a los campos de batalla; Villa fue derrotado en la zona del Bajío: Celaya, León y Trinidad. Se vio obligado a regresar a su punto de partida, al norte, donde siguió combatiendo hasta 1915. Fracasó en una incursión sobre Sonora. Atacó Columbus, lugar fronterizo de Estados Unidos, y provocó la llamada Expedición Punitiva. Sus tropas se redujeron y aunque tuvo fuerzas para amedrentar a los congresistas de Querétaro (1916-1917), Villa había perdido su categoría de jefe de ejércitos para volver a su condición de temido guerrillero, y entrar en la leyenda.

Nombrado presidente interino Adolfo de la Huerta en 1920, se efectuó en mayo de 1920 una entrevista cerca del pueblo de Allende, Chihuahua, entre los generales Francisco Villa e Ignacio C. Enríquez, con el objeto de que el primero reconociera al gobierno surgido del Plan de Agua Prieta, y de que depusiera las armas, ya que Venustiano Carranza, contra quien luchaba, había sido muerto. Antes de concluir las entrevistas y como las tropas de Enríquez planeaban aprehender a Villa, éste esquivó estas tropas y se retiró.

Por fin Villa se amnistió gracias a los buenos oficios de su amigo Elías Torres, firmándose los Convenios de Sabinas. Se le reconoció el grado de general de división con haberes completos, y recibió en propiedad el Rancho de Canutillo de 25 mil hectáreas, cercano a Hidalgo del Parral, Chihuahua, que explotó con sus antiguos compañeros de la División del Norte, los Dorados.

El 20 de julio de 1923, Villa, en compañía de su fiel compañero de armas, el coronel Miguel Trillo, cae asesinado víctima de una emboscada que le tiende Jesús Salas Barraza en las entradas de la ciudad de Parral.

Sus restos fueron profanados en febrero de 1926, cuando un estadounidense viola la tumba en donde descansaban y se llevó a su país la cabeza del Centauro del Norte. En 1967 se colocó su nombre, con letras de oro, en el recinto de la Cámara de Diputados, y el 20 de noviembre de 1969 se inauguró una estatua ecuestre con la efigie de Villa en la ciudad de México.

http://www.revolucion.bicentenario.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=39:francisco-villa-1878-1923-&catid=3:biografias&Itemid=5

24
Abr
10

Intervención estadounidense


El 9 de abril, seis barcos estadounidenses estaban anclados cerca de Tampico, ese mismo día, un ballenero estadounidense se acercó al puerto, sus tripulantes descendieron para abastecerse de combustible pero fueron aprehendidos por soldados federales mexicanos. Aunque los estadounidenses fueron liberados al poco tiempo, el contraalmirante estadounidense Mayo pidió al general huertista Morelos Zaragoza un castigo ejemplar para quienes habían realizado las detenciones y exigió que se izara la bandera de los Estados Unidos a la cual se le deberían rendir honores con 21 cañonazos. El gobierno huertista trató de llegar a un arreglo pero todo fue en vano, debido a que el presidente Wilson ya había dado instrucciones para la ocupación del puerto de Veracruz evitando que Huerta recibiera un embarque de municiones procedentes de Alemania que era transportado en el Ypriranga. La infantería estadounidense tomó la aduana de Veracruz el 21 de abril de 1914, posteriormente todo el puerto y el día 22 el puerto de Tampico.

Huerta rompió entonces las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y envió a la mayor parte de su ejército al estado. Argentina, Brasil y Chile (ABC) se ofrecieron a actuar como mediadores en el conflicto durante las conferencias en Niagara Falls, Canadá, el 20 de mayo de ese mismo año. El 24 de junio se firmó finalmente un acuerdo que establecía que los Estados Unidos reconocerían cualquier gobierno provisional que resultara del conflicto armado, compensarían a los ciudadanos estadounidenses que se vieran afectados por la revolución y que su gobierno no exigiría indemnización alguna por el incidente de Tampico.[99]

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La Revolucion: Diego Rivera

El papel del arte revolucionario

Durante y después de la Revolución Mexicana se elaboraron imágenes plásticas que representan la lucha revolucionaria, sus logros o a los protagonistas de la contienda (Emiliano Zapata es uno de los más retratados, pero también hay imágenes de Pancho Villa, Francisco I. Madero y otros). Sin embargo, no todas estas imágenes dicen lo mismo. Cada pintor tuvo su propia opinión de la Revolución según la experiencia que vivió durante esa época, y de acuerdo a la posición política y social en que se ubicó durante y después de 1921.
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